Editorial

Entrevista a Mónica De Simone: Círculos de mujeres, celebrando el lado femenino de la divinidad

Por Sarella Gutierrez

Fotografía de Pilar Salazar

 

moni para entrevista círculosMónica De Simone realiza una vez al mes círculos de mujeres y admite que de todos los talleres que guía, éste es su preferido, por la magia que lo rodea y lo sanador que resulta para cada participante. Esta ancestral tradición está renaciendo en el mundo entero y quienes participan en estos encuentros revelan que se abre un espacio de armonía y paz en sus vidas. Cada círculo es un reconocimiento al sagrado femenino y una conexión directa con la fuente espiritual que habita en nosotras.

 

– Mónica, ¿Qué son los círculos de mujeres?

– Son algo muy lindo, muy sencillo y muy mágico al mismo tiempo. Son reuniones de mujeres en las que nos escuchamos y nos contenemos unas a las otras, para honrar nuestro sagrado femenino y salir luego a abrazar al sagrado masculino. En los círculos no importa mucho el tema que toquemos, porque el solo hecho de estar juntas, sabiendo que nos vamos a sanar unas a las otras, eleva inmediatamente la vibración. Lo que me sana a mi, te sana a ti.

 

– ¿Eso es porque hablar ya es terapéutico?

– Es porque cuando abres tu corazón y te sacas las capas de personalidad y los roles que tú misma te has puesto o que la sociedad te pone, o que necesitas ponerte, quedas desnuda, sólo con tu esencia, con tu vulnerabilidad. Y eso inmediatamente te conecta con las demás. Mirarse a los ojos, cantar juntas, bailar juntas, meditar juntas es sanador. Y cuando abrimos las puertas al Amor, los seres de luz nos asisten, los guías y maestros de cada una se manifiestan, llegan los ángeles de la guarda, las ancestras.

 

– Tú hablas del “sagrado femenino”. Me recuerda el “eterno femenino” de Goethe, algo que nadie pudo definir…

El sagrado femenino es el aspecto femenino de la divinidad. Yo creo que Dios es padre y madre, lo masculino y lo femenino. Entonces se trata de conectar con esas características de pureza, de amor, de dulzura, de devoción. Devoción significa “devolverse a”, devolverse con el corazón hacia algo, hacia lo sagrado, hacia esa chispa divina que tenemos tanto hombres como mujeres. A mí me gusta mucho esa imagen que tienen los sufíes de que “una gota de mar, ya es mar”. Entonces Dios-Diosa es el mar y cada uno de nosotros, pequeños dioses y pequeñas diosas, somos unas gotas apenas, pero somos el mar, somos hijos de un linaje divino. Y eso es lo que recordamos en los círculos al conectarnos, porque cuando una se mira, y  en hermandad puede verse en las otras, no puede menos que conectarse con su esencia divina. Es un canal directo, un espacio sagrado. Y en los círculos se unifica la vibración de manera natural, porque todas las personas están abriendo su corazón.

 

– ¿Aunque sea la primera vez que van?, ¿aunque lleguen con una actitud racional o escéptica?

– Esa actitud se desvanece enseguida. Porque cuando tocas el corazón de alguien, aunque sea con la mirada, no puedes sino abrir tu alma.

 

– Comer y beber juntos también es parte de un ritual.

– Exactamente. Compartir el pan te hace “compañera”, del latín cumpanis. Los rituales a veces empiezan mucho antes de que “comiencen”. Digamos, por ejemplo, que uno se inscribe para un taller donde uno de los requisitos es traer una flor, o una fruta rica para compartir . Es muy distinta la energía de alguien que va, elige y toma la flor del jardín o compra la fruta, de alguien que le dice a la amiga “oye, se me olvidó la flor, se me olvidó la fruta, ¿me la puedes pasar  a comprar tú ?”. ¿Quién está más conectada? Por supuesto, la que le puso atención, energía, amor al tema. Lo que das, te lo das. En el preciso momento en que la persona dice sí, y se inscribe con amor, ahí empiezan los maestros  a trabajar con ella.

 

– Tienes mucha confianza.

– Yo confío absolutamente en la espiritualidad. Vivimos en un mundo tan materialista, que cualquier cosa que no se pueda tocar o no se pueda comprobar empíricamente, no existe. Yo creo que eso es una falsedad del porte de una catedral. Somos seres esencialmente amorosos, esencialmente espirituales.

 

– Háblame de tus círculos.

 – Damos la bienvenida, acogemos a las mujeres nuevas , hacemos la invocación, pedimos protección para entrar al círculo sagrado, o mejor dicho, para crear el círculo sagrado con nuestra intención, con nuestra pureza de intenciones. Después de eso, se conecta a veces a una meditación, a veces a un baile, a veces a un canto que tiene un sentido de purificación, de sanación. Por ejemplo, puede ser una música de relajación si necesitas trabajar la serenidad, o pueden ser tambores africanos si lo que quieres es activar el chakra uno; eso lo voy decidiendo de acuerdo a lo que voy viendo en el grupo. A veces ellas mismas me piden lo que quieren trabajar.

 

-Tú me dices que a veces recibes información.

-Así es. Yo siempre preparo una pauta para el círculo. Pero al momento de guiarlo, me llegan frases, palabras, imágenes, “información” que no es mía. Lo distingo claramente, porque sé lo que preparé.

 

– ¿Has notado cambios en ti misma desde que haces los círculos?

-Desde que empecé a guiarlos, hace más de tres años, me siento más contenta. Yo siempre les digo a las chicas que de todos los talleres que hago, el que más les gusta a mis guías y maestros, sin duda es el del círculo de mujeres, porque estamos siempre tan acompañadas. Me “soplan” tanto de arriba. Hay personas que han sentido que las acarician sus ancestras. En los talleres de ángeles suele pasar eso también, y los participantes (hombres y mujeres)  preguntan: “¿tú me pusiste la mano en el hombro?”. Y ni yo ni nadie los ha tocado. A veces necesitamos que pasen esas cosas, estamos tan incrédulos.

 

– ¿Son adictivos los círculos de mujeres?

Mira, no sé. Algunas me dicen que sí. Yo no sé si es tan bueno que sean “adictivos”, porque si tú no puedes funcionar sin el círculo, estás mal. El círculo es una preciosa herramienta, como bencina para el alma. Y como dice la maestra Jean Shinoda Bolen, el amor entre hermanas está sanado al mundo.  

 

– Me refiero a que cuando este tipo de experiencias son constantes uno va profundizando la paz interior. ¿Observas cambios en las personas?

Siempre terminamos más livianas . Nos miramos, nos escuchamos, trabajamos en nosotras mismas y sentimos que no estamos solas en el camino. Las chicas se van más contentas, más luminosas, más relajadas, más conscientes de sus procesos. Además, se van abriendo caminos. Hay personas que han hecho trabajos importantes de perdón, por ejemplo, o de autoestima. Y por supuesto que mientras más vuelvas a ese lugar de dónde todos venimos – La Fuente- , estarás más serena, y  lo que pase afuera, influirá cada vez menos en ti, porque aprendiste a vivir en el centro (de ti misma), no en la periferia. Puedes vivir como una hoja que el viento mueve, sin tomar ninguna decisión. Entonces es el ego el que reacciona y dirige tu vida. O puedes vivir conectada contigo, con tu esencia, aparentemente no decides, pero es apariencia, porque la verdad es que el alma no se equivoca, el alma decide, porque el alma siempre sabe. Entonces lo que en apariencia es de afuera, no lo es tanto.

 

– O sea, tenemos que confiar.

– Exacto, porque Lo más grande sabe. Y  hay que confiar en eso.

 

– ¿Sería como decir que todo está “movido desde arriba” de alguna forma?

Sí, pero desde ti también, porque ¿qué es el arriba? Es tu ser superior. Tú eres también eso. De lo contrario no habría libre albedrío. Y Dios/Diosa nos ama tanto, que nos dejó  libres hasta de Él/Ella.

Los ángeles de la guarda, por ejemplo, no pueden intervenir aunque vean que nos estamos equivocando por centésima vez. Pero podemos pedirles asistencia. Ellos lo único que quieren, es que uno se las pida. Están ahí para acompañarnos, pero nosotros tenemos total y absoluto libre albedrío. Si no fuera así, todo estaría escrito y determinado, y no lo está. Los Registros Akáshicos, que son los libros de cada persona, de todo lo que es , fue y será, no son inamovibles.

 

– ¿Cómo podemos ser libres de nuestra “sombra”?

– ¿Cómo sanas tu sombra si no la ves? Primero la ves, luego la abrazas. Arcano XI de ese libro de sabiduría revelada llamado Tarot: La Fuerza. Una mujer sujeta con delicadeza las fauces de un león, simbolizando a esa bestia que todos tenemos dentro, y que se puede traducir de millones de maneras: inseguridad, culpa, miedo, celos. Cuando miras tu sombra, la reconoces, la abrazas y te haces amiga de ella, no la niegas, la vas sanando, la vas domesticando. ¿Quiénes son los iluminados? No son los que se fueron al Tíbet, o usan turbantes blancos, o andan con cara de “Namasté”. Son los seres despiertos, capaces de ver su sombra. No son los que nunca se enojan, ni tienen dudas, ni angustia, ni temor, si no los que conviven conscientemente con ello.

 

– ¿Qué importancia le das a la oración?

El poder de la oración es infinito e inconmensurable. La oración para mí es conexión, es una relación con el ser superior: Dios, Diosa, Gran Espíritu, Lo más grande, el nombre que le quieras poner. Yo creo que la mejor oración es agradecer, pues cuando uno agradece, abre las puertas a la gracia y a la abundancia. Y cuando hay cosas que me superan, también puedo pedir ayuda. A veces, las cosas que una anhela o pide no suceden, porque no son para uno, no se alinean con el camino del alma. Cuando uno tiene hijos entiende eso. Por ejemplo, ¿tú le pasarías una plancha caliente a un niño de seis años? ¿No, verdad? Entonces, a veces uno pide cosas que no tienen que ver con el camino o con el proceso que está haciendo su alma, y en cambio tiene que pasar por ciertas experiencias, desafiantes, dolorosas, para crecer, para templarse, para transformar el propio plomo en oro, como decían los alquimistas. Pero yo tengo la certeza de que una es muy amada, infinitamente amada, sólo hay que abrir el corazón para darse cuenta de eso.

 

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