Danza del Vientre

Maestro egipcio Shokry Mohamed, 3er. Encuentro de Danza del Vientre

Toda danza fue antiguamente parte de un ritual religioso. Tanto en Oriente como en Occidente las sociedades matriarcales, entendían lo que era agradecer y celebrar. En aquellos tiempos remotos el cuerpo femenino era símbolo del misterioso milagro de la vida y existía la creencia de que la fertilidad humana y la de la tierra estaban estrechamente relacionadas. La mujer entonces era venerada por su maravillosa capacidad de dar vida, y su vientre considerado sagrado. Los pechos abundantes y las caderas generosas, apreciados por su idoneidad para perpetuar la especie. De la celebración del gozo de la vida, de la fuerza de la matriz, del poder creador del vientre femenino, surge la Danza del Vientre.

En aquellos tiempos inmemoriales, en los que se adoraba a la diosa, siempre se bailaba cuando se producía un nacimiento, cuando se celebraba un matrimonio o se propiciaba o recogía la cosecha, y si bien hoy podemos ver en algunos espectáculos el uso del pandero o de los crótalos como acompañamientos rítmicos, e incluso objetos como velos, candelabros, bastones o espadas, es interesante consignar que estas estilizaciones escénicas alguna vez cumplieron funciones mágicas y protectoras. Durante mucho tiempo considerada sagrada, la Danza del Vientre no podía ser vista por los hombres.

Bailarina y coréografa ítalo-egipcia Nur Banu, 6to. Encuentro de Danza del Vientre

Remontándonos a culturas prefaraónicas, hoy, cada vez que bailamos, las mujeres activamos el ritual y honramos nuestro ser femenino haciéndonos una con nuestras antepasadas, conectándonos con nosotras mismas, incrementando la conciencia y vitalidad de nuestro ser femenino, realizando un profundo trabajo de transformación corporal y espiritual, fortaleciendo la autoestima.

Una relación de intimidad con el profundo amor a nosotras mismas es la que se establece cuando a través del baile dejamos vislumbrar nuestra esencia, pues por un instante, todas las distancias quedan abolidas y SOMOS LA DANZA. Una danza sagrada, estrechamente vinculada a rituales de fertilidad y maternidad, que vuelve a conectarnos con la diosa – con esa pequeña manifestación de la diosa – , que todas llevamos dentro.

Bailarina Serena y el percusionista Hossam Ramzy, Villa de Vida Natural

Hoy ya nos hemos acostumbrado a encontrarnos, cada vez más, con mujeres cultoras de esta danza. Se enseña prácticamente en todos los gimnasios y el carácter y estilo, varían mucho de acuerdo a quien enseña; particularmente mis alumnas, salvo poquísimas excepciones, toman sus clases como un camino de autodescubrimiento y desarrollo personal, bailando, como les propongo, “de adentro hacia fuera “, dejando así aflorar su particular fuerza espiritual.

Muy ligada a la madre tierra, en esta danza intervienen muchos elementos de culturas distintas como la faraónica, la fenicia, la nubia, la turca, la beréber y la árabe. Como cualquier tipo de danza surgida del norte de África y de Oriente Medio, es un baile sensual y sugerente, que con movimientos suaves y circulares donde participa todo el cuerpo, localiza y hace énfasis en las caderas, la pelvis y los músculos abdominales. Practicando de manera sutil, no forzando al cuerpo, sino consiguiendo su colaboración, se activa la energía vital. Glúteos, muslos y vientres son contraídos, fortaleciendo la musculatura y modelando la cintura. La delicadeza y belleza de las ondulaciones, la exquisitez de los ritmos y los sonidos ancestrales de la derbuka, el laúd, el qanún o salterio, la flauta y el acordeón, ayudan a la mujer a conectar con su interior, creando en ella una corriente de alegría y bienestar que muy prontamente se traslada a su vida cotidiana.

No existe edad, estado físico, peso o medidas para iniciarse: ¡Todas las mujeres son bienvenidas con amor!

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